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EDITORIAL
LÍNEA
Notimueble
2014
A la industria del mueble le
falta aprender a trabajar en equipo,
cual si fueran niños que juegan el
mismo juego
La religión católica parte
del libre albedrio, que implica
la libertad y responsabilidad
de decidir
Editorial
Luis Pazos
www.notimueble.com.mx / Año 32 - Num 376 / 2014
EDITORIAL
LUIS PAZOS
ENTREDICHO
E
l mes de abril irre-
mediablemente en
México, nos lleva a
relacionar el mes con
los niños y adoles-
centes, que siguen siendo en el
mercado del mueble, un nicho
comercial con mucho potencial y
quizás un poco olvidado en cuanto
al desarrollo de productos nove-
dosos, salvo una que otra firma,
que se han preocupado por invertir
en diseño.
Pensando en la niñez y sus cara-
cterísticas observo en la facilidad
que tienen los pequeños, para traba-
jar en equipo, que en su lenguaje se
traduce como juego, pues a pesar de
su poca destreza motriz y de comu-
nicación, tienen la habilidad para
entenderse y cada uno según sus
habilidades va tomando su lugar
dentro del juego, claro hasta que
intervienen los adultos y obligan
muchas veces a los pequeños a
ejecutar acciones que a toda vista
no siempre disfrutan.
Esta facilidad de integración,
me hace pensar, que los seres hu-
manos nacemos con ese instinto
de desarrollar proyectos en con-
junto, pero que por alguna razón
las ideologías culturales, nos han
llevado a convertirnos en seres
individualistas, que se niegan a
trabajar en equipo, muchas veces
por un miedo infundado o insegu-
ridad frente a otras personas que
posteriormente se transmiten al
área laboral, para derivar final-
mente en una cultura empresarial
aislada, de nula ayuda mutua.
Muchas veces se puede ver
en las empresas, que jóvenes a
pesar de presentar un buen his-
torial académico son incapaces
de trabajar en equipo, no saben
colaborar y resulta que en las
pequeñas o medianas empresas
es más necesario que nunca para
conseguir los objetivos comunes.
Decir o pensar que lo que no-
sotros hacemos es lo más impor-
tante en la empresa es un acto de
soberbia y un desprecio a la labor
de los demás, la colaboración es
admitir que la suma de lo que
hacemos todos da un buen re-
sul tado, en muchas empresas
cada uno piensa que su área es
la más importante y no valora lo
que hacen otros departamentos
ni otras personas y eso impide la
cooperación a fondo y el trabajo
en equipo.
Los directivos del futuro de-
ben empezar a pensar en integrar
equipos con personas de calidad,
hecho que solo se logrará creando
aspectos positivos alrededor, si
se ofrece calidad a los colabora-
dores, ellos lo darán por contagio
a los clientes y ahí ya se tiene la
primera batalla ganada, al dar
amabilidad a toda la gente con la
que se interactúa, ellos la trans-
mitirán a los clientes, si damos
confianza a nuestros compañeros
de trabajo, ellos trasladarán esto a
los compradores y el beneficio es
generalizado. No hay que olvidar
que las empresas que quieran tener
éxito deben estar orientadas a
mantener contentos y satisfechos
a los clientes, no a los jefes.
De los niños hay mucho que
aprender y el trabajo desinteresado
en equipo, por el simple hecho
de lograr que el juego sea más
divertido, es una de esas acciones
que debemos imitar y aplicar en
la vida empresarial de adultos,
para hacer más fácil y productiva
nuestra vida laboral.
Haciendo
equipo como
niños que juegan
el mismo juego
Los marxistas a través de la llamada
Teología de la Liberación ensam-
blaron marxismo y catolicismo. Ese
engendro logró que varios grupos
de católicos se pusieran al servicio
de algunas causas políticas, con-
vencidos que combatir junto a
guerrilleros marxistas era lo que
Dios quería. Así les enseñaron los
sacerdotes y evangelizadores de
la Teología de la Liberación a los
indígenas en Chiapas que utilizó el
EZLN en enero de 1994. No quere-
mos caer en el error de identificar la
filosofía cristiana con el capitalismo
o liberalismo, sino puntualizar que
es la primera religión que predica la
supremacía de la persona humana
sobre el Estado y la libertad como
un derecho natural o humano.
La filosofía cristiana desplaza al
Estado como institución a la que hay
El cristianismo ¿liberal?
L
a falta de comuni-
cación interna en las
empresas, es creo yo
una de las peores
adver s idades que
enfrenta la industria mueblera y
tal vez me atrevería a decir que
la industria nacional en general,
pues es precisamente en el interior
de las empresas donde se generan
todos los males y problemas, que
posteriormente repercuten en los
clientes externos y compradores.
Muchas veces el principal obstác-
ulo a superar, son los conflictos o
luchas de poder que se originan
entre los propios empleados, o
departamentos, que se bloquean
unos a otros, sin ni siquiera pensar
que los únicos perjudicados en
el largo plazo, son precisamente
los mismos trabajadores, pues
en cuanto la firma pierda renta-
bilidad, los primeros que van a
perder su fuente de ingreso son
ellos mismos.
Es frecuente ver en los talleres
o fábricas, a empleados que por
su antigüedad dentro de la firma,
siguen esquemas de trabajo, que
muchas veces son inadecuados u
obsoletos, más sin embargo, se
niegan a aceptar sugerencias de
otros ya sea porque consideran
que son jóvenes inexpertos, o
porque vienen de una mujer, o
simplemente, porque han entrado
en un estado de confort y se re-
sisten a experimentar con nuevas
maneras de hacer las cosas.
Es claro que sistemas arcaicos
en un mundo tan cambiante y
competitivo, terminan por llevar a
la quiebra hasta a la mejor de las
empresas, y si a esto agregamos
la resistencia y mala actitud de
los trabajadores, pues el círculo
que lleva a la decadencia a una
fábrica se cierra.
Hay que aclarar también, que
la culpa no es del trabajador, sino
de los directivos y propietarios
del negocio, quienes deben es-
tar atentos para evitar este tipo
de s i tuaciones , de promover
además del trabajo en equipo,
la capacitación y superación de
sus empleados, ofreciendo estí-
mulos y reconocimientos a su
desempeño, a fin de evitar que
caigan en el conformismo, más
aún promover que sean ellos mis-
mos –los trabajadores- quienes
estén impugnando por mejoras
en los procesos de fabricación,
comercialización, y atención al
cliente final.
Trabajar para el
equipo, no para el jefe
Nunca falta aquel trabajador,
que anda para arriba y para abajo
cuando su superior inmediato está
presente, pero en cuanto el jefe se
da la vuelta, adiós a su buena ac-
titud y disponibilidad. Tal parece
que se apaga el switch y ni atiende
a sus responsabilidades, ni a los
requerimientos de su equipo de
trabajo, mucho menos los de
compañeros y clientes; ¿y qué
sucede? pues que empieza ahí la
cadena de atrasos, de re-trabajo,
de conflictos personales entre
colegas, de recriminaciones, de
la generación de un mal ambiente
de trabajo, hasta que finalmente
tanta negatividad termina por
afectar a la compañía.
El meollo del asunto, es que
el jefe, nunca se dio cuenta esta
mala actitud, que afecto a toda la
empresa, pues hábilmente este
mal trabajador, siempre demos-
traba un buen desempeño, frente
a sus superiores y no hubo quien
le informara de la situación.
De manera lamentable el he-
cho narrado, es muy frecuente
tanto en los pequeños talleres,
como en los grandes corporativos,
y quisiera pensar que es una prác-
tica no razonada, que bien puede
modificarse, pues finalmente
la grandeza de una empresa se
determina por el compromiso y
trabajo diario de cada uno de los
elementos que integran el equipo.
A grandes males,
randes remedios
Le preguntaban a un couch
que hacer con el jugador, que
mostraba desinterés por trabajar
con el resto del equipo, y que
con frecuencia se quejaba de las
condiciones en las que entrenaba,
mas sin embargo, era el mejor
anotador y la respuesta fue directa
y tajante “sáquenlo del equipo”
porque es preferible entrenar y
fortalecer las destrezas de los
jugadores que están motivados y
quieren llegar juntos al campe-
onato, que seguir trabajando con
alguien desmotivado. La misma
consigna se aplica o debiera aplic-
Cuando la fuerza
laboral es el peor enemigo
que obedecer ciegamente por ser
los gobernantes representantes de
Dios, aunque así lo hayan predicado
algunos jerarcas católicos.
El “dar al César lo que es del César
y a Dios lo que es de Dios” es la pri-
mera manifestación de la separación
entre Estado y religión. El que Cristo
haya acogido a judíos, no judíos,
pecadores y hasta a un recolector
de impuestos entre sus seguidores
(Saqueo, de donde viene la palabra
saqueador), sitúa al cristianismo como
una de las primeras religiones que no
es racista ni clasista. El cristianismo,
como se desprende de las enseñanzas
de Santo Tomás de Aquino, uno de
los pilares de la filosofía cristiana,
introduce la razón en la religión y la
separa de la fe.
Incluye la posibilidad de diferir
sin que por ello se tenga que quemar
en una hoguera a quien difiere, como
lo hicieron algunos católicos en
tiempos de la inquisición.
La religión católica parte del libre
albedrio, que implica la libertad y re-
sponsabilidad de decidir. La filosofía
cristiana, bien aplicada, es precursora
de la corriente liberal rectamente en-
tendida (no del jacobinismo), donde el
Estado está al servicio del ser humano
y no éste al servicio del Estado.